martes, 23 de julio de 2019

Carbón

Se quedaron los recuerdos
Colgando del balcón,
Allí duermen quedos,
Exánimes sus cuerpos de carbón,
No les hizo brillar la presión,
Sólo hundió sus hombros
El plomo,
Sintieron el fogonazo y calor,
Pero no vieron sus ojos
Los diamantes ,
Sólo sombras de gigantes,
Ni un abrazo para el viaje,
Ni un beso que llevarse 
A la boca del estómago,
Los párpados oxidados
Y el sueño hace amagos,
Áridos y catárticos
Los párrafos,
Como el llanto de los pájaros
Cuando caen las hojas vestidas de dorado,
Jamás pensaron las sonrisas
En los vientos aciagos,
Anegaron los pechos
Y cesó el canto,
Pero llegó el silencio,
Mágico,
El rumor del preso,
Trágico,
Sólo esperan las cadenas
Hundirse en sus huellas,
Acurrucarse en la arena
Y que les lleven de la mano las mareas.

sábado, 13 de julio de 2019

Noche

Rompieron los errores
A los corazones nobles,
Encuentro en todas partes
El estallar de los cristales,
Pensaba que con no mirarlos
Todo estaría siempre a salvo,
Y cuando supe que me podía equivocar
La luz del faro dejó de ser hogar,
Más cálidas parecen ahora las sombras,
Ojos que no ven, pecho que no late,
Ocupa lugar y pesa el plomo del saber,
Donde el Sol no calienta, nada nunca arde,
Sólo una brisa tímida,
Una corriente por debajo de la puerta,
Una media sonrisa
Tierna y sencilla,
Que regala la noche fría y densa,
La Luna a media asta,
Las estrellas blancas
Como las sábanas nuevas,
Y bailan en el sitio,
Un vaivén sencillo,
De sus pasos chiquititos,
Brota un destello tibio,
Y los ojos abiertos
Sueñan que están dormidos,
Y se cierra el telón
Del techo infinito,
Los ojos encuentran la calma
Con la persiana baja,
Dejan de mirar un rato
Para ver más allá del claro,
Dónde las copas de los castaños
Se funden en un abrazo,
Y alargan los brazos
Para sentir la brisa triste
De la noche y sus violines.
El reloj se toma un momento,
Traga saliva, y reanuda el paso, lento,
Y su tic tac inunda el cielo.


Pero que fácil se rasga la noche
Cuando el Sol hace entrada,
Una grieta estropea la bóveda tan bien cuidada,
La Luna se ha quedado a solas
Con sus propias dudas,
Los garabatos y sus arrugadas hojas,
Chirría una vacía cuna,
La luz rompió la magia,
Se doblaron las agujas, Y dejó de sonar el arpa.

martes, 2 de julio de 2019

Mejor

Los cristales se quedaron mudos,
Su brillante tintineo 
Dejo ciegos a los egos
Y su música acalló los truenos,
Un rumor rasga el pecho,
Los latidos suenan huecos
Como los sueños perfectos.


La calma se sintió extraña,
Las manos entrelazadas
Tras la espalda, engañan
Las miradas de las máscaras,
El suelo el foco de mi frente,
Se hunde un plomo en el vientre,
Frío, honesto, inerte,
No saben mentir las sorpresas,
Respiro la humedad en la niebla,
Estoy en casa aunque no vea,
Huyo de la luz y me refugio en la tormenta,
Sentirme pequeño, escurrirme por un hueco,
Que no me vean,
Vivir entre dos granos de arena,
Una habitación sin puertas,
Que no me encuentre el lobo,
Y que no me delaten las grietas.


Me olvidé de rezar,
Sólo creo en respirar
Y en lo que piso,
Ojalá estar menos conmigo,
Ya no sé de qué hablar
Cuando llueve los domingos.

sábado, 15 de junio de 2019

Miradas de cristal

Quizás todo sea una corriente,
Que se desliza por la superficie del vientre,
Que da de beber al subconsciente,
Nutre las raíces de diciembre,
Se llevó las flores y dejó la nieve,
Para que debajo de la piel la carne tiemble,
Que vibren las fibras y se plante la simiente
Del fuego de un pretérito inerte
Que vive dentro de los seres
Y hace su hoguera en las lindes de la mente.


O un reflejo en el espejo,
Cristales sobre el credo
Manchado de hierro,
Lo joven se tornó viejo,
Los sauces se secaron las lágrimas,
Dejaron la tierra y volvieron a casa,
Los sueños tiñeron las sábanas
Y se fueron con sus arras.


Sólo veo humo,
Espirales de ceniza,
La marca del yugo,
El cielo graniza,
Ríos de aguas negras
Amargan el fruto,
El fuego crepita,
La luna sonríe llena,
Porque vino con promesas
De parar el mundo.


Quisiera dejar de ser,
De parecer, no padecer
Del crecer, de envejecer,
Quisieran mis manos
Rasgar los pálidos párpados
Del perezoso ocaso,
Pedirle al sol un rato,
Quiero ver el oro de sus rayos,
Sólo un momento,
Que me deje una caricia
Sobre el pecho
Que caliente mis mejillas,
Y que pose una vela en mi mesilla.


Una espina entre dos páginas,
Lágrimas anárquicas
Arraigan en mi cama,
Cuelgan de las persianas
Lánguidas crisálidas,
Con su melodía se introducen
Como un cuchillo en la carne,
Como un rayo rasga las nubes,
Vibran los metales,
Ecos erráticos zumban,
En cada huella
Una canción retumba,
Se clavan en la garganta las espuelas
De la sinuosa duda,
Muere la voz sin haber sentido el sol
Acariciar su nuca,
Late a ciegas el corazón
Pues nunca sintió la música.

domingo, 31 de marzo de 2019

Noche

Camino sólo, como todas las cosas,
Me saludan solemnes las farolas,
Con su luz amarilla y fría,
Querían ser estrellas y se quedaron en la orilla,
Al suelo alumbran con sus ojos de aceituna
Y pagan sus respetos a la Luna.

Al otro lado de la calle,
Una ventana desnuda cubierta de encaje
Baila despacio con los revoloteos del aire,
Al ritmo cálido y suave
Del ronroneo de las persianas.
Dos cuerpos buscando el frío entre las sábanas,
A la luz de una gota de lluvia
Y el sonar de las cigarras,
Y se apaga la luz, se acabó la danza,
Sigo fuera, la bóveda se torna roja,
Se han apagado las farolas
Y sigo sólo, como todas las cosas.